Es lógico comprender que los inicios del broche surgen de la necesidad de unir «abrochar» ciertas prendas entre sí. Hoy en día solo lo lucen las mujeres, pero no siempre ha sido así.

Los comienzos del broche apuntan a Oriente Medio donde las clases más pudientes lucían en sus túnicas alfileres de oro adornados con alta joyería. La forma más corriente era la espiral y en el antiguo Egipto solían utilizar discos de oro cosidos a la prenda. Etruscos, romanos y griegos también lucían en oro ciertas formas de animales como, el águila en forma de broche.

Pero no fue hasta la edad media en la antigua Europa cuando el broche toma protagonismo. Principalmente para cerrar la capa, ya era utilizado en todo el continente representando animales y fabricados en hierro, oro o plata. No fue hasta el sigo IV cuando se comenzó a utilizar iconografía cristiana con la aparición del nielado.

Sin embargo. el broche como joya propiamente dicha, fue introducido por las civilizaciones germánicas, en las que aparecía con multitud de formas circulares, en arco y el broche “quoit”, que era una especie de aro con un pin en el centro para abrochar la prenda.

El oro y la plata eran los materiales más habituales que se decoraban con cristales y piedras preciosas para aportar colorido y elegancia. Es en la edad media cuando el broche se convierte en la joya más usada. Comienzan a aparecer broches más elaborados, con zafiros y rubíes. En el renacimiento sin embargo, el broche pierde importancia ante joyas más elaboradas. Es en el Barroco cuando surge el broche de pecho utilizado en principio por hombres y después por mujeres, es aquí cuando se configura como elemento decorativo más que para sustentar la vestimenta. Con diamantes en un principio y más adelante con esmeraldas, rubíes y en raras ocasiones con zafiros. Comienzan a aparecer motivos florales y vegetales.

Los broches de gran tamaño aparecerá como sustituto material del lazo de terciopelo o seda que utilizaban las damas en la época de Luis XIV.

El broche lazo no es sino la materialización física de los lazos de terciopelo y seda que utilizaban las damas en la época de Luis XIV

En el siglo XVIII con el abandono del corsé, el tamaño del broche es más pequeño con motivos de lazo, laureles, palmas… Este fue el inicio del broche actual.

Ya en el siglo XIX el broche disminuye de tamaño, apareciendo los motivos de mariposas en tembladera. Con el modernismo el broche aparece con iconos de mujeres simbolistas y naturaleza decadente con motivos como libélulas, insectos, aves…

El siglo XX durante la Belle Epoque y el Art Deco (más geométricos e influencias orientales) son más esquematizados, montados en platino con diamantes, guirnaldas y flores. Se solían llevar junto a collares de perlas. A partir de aquí el broche se identifica como símbolo de la mujer moderna. Los broches se colocaban frecuentemente en hombros, cinturones y escote y se incorporan materiales más creativos. Las marcas más importantes del momento fueron Cartier, Boivin, Jean Desprès o Boucheron.

Después de la Segunda Guerra Mundial aumentan de tamaño por la escasez de las gemas preciosas. Van Cleef and Arpels fue una de las marcas más importantes del momento.

En los años 50 el broche alcanza su grado más imaginativo y aparecen motivos como perros, gatos, elefantes…, y aparece el oro blanco como material base. El los años 60 y 70 continuan evolucionando apareciendo nuevas tallas de las gemas. Pero fue en los 70 cuando el uso del broche cayó en declive frente a los collares largos que se pusieron de moda.

En la actualidad, el broche predominante es el colgante transformable primando el gusto por lo gemológico y práctico.

Esperamos que este recorrido por la historia de tan singular joya haya sido de vuestro agrado.

Fuente de referencia Balclis